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Diciembre 19, 2008

A veces despierto y estás en mi habitación y el caballo blanco que montas mueve su cola como si ésta fuera un valle amplio que se agota en el horizonte. No me froto los ojos. No me froto los ojos. Pero de igual modo te descompones en miles de estrellas -todas de diferentes tamaños pero de un solo color- que caen al suelo y desaparecen.

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